El proceso digestivo se realiza en cuatro etapas: digestión mecánica, digestión química, absorción y eliminación.
La digestión permite degradar los alimentos en nutrientes que pueden ser aprovechados por las células.
La digestión mecánica transforma alimentos para facilitar su asimilación sin producir cambios en su composición química.
La digestión química transforma alimentos gracias a enzimas producidas por órganos o glándulas del sistema digestivo.
El hígado y el páncreas ayudan a que los nutrientes queden preparados para ser absorbidos.
El paso de los alimentos a la sangre se da a través de las vellosidades intestinales y se llama absorción.
Los nutrientes que no son absorbidos pasan al intestino grueso y allí se reabsorbe agua hacia el sistema circulatorio.
La masa semilíquida que llegó al intestino grueso, al perder agua, se transforma en materia fecal, que es eliminada.